He leído por estos días el segundo volumen de la memorias del gran psiquiatra español Carlos Castilla del Pino: Casa del olivo. Autobiografía (1949-2003), Barcelona: Tusquets, 2004. Es un relato muy interesante y emotivo, que refleja un período difícil de la historia de España (el franquismo) y narra una vida compleja, plena, dura, llena de triunfos y también de contrariedades.

Carlos Castilla del Pino (San Roque, Cádiz, 1922) es un neuropsiquiatra extraordinario, que, además de gran científico, puede exhibir una envidiable formación humanística en materias tales como literatura, filosofía, historia y arte. Es también un magnífico escritor. Pertenece, pues, a una inveterada tradición de médicos-humanistas españoles, que arranca con Andrés Laguna (1499-1560) y, pasando por Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) y Gregorio Marañón (1887-1960), llega a Luis Martín Santos (1924-1964) y por supuesto al propio Castilla del Pino.
Pues bien, a este eximio intelectual la Universidad española se permitió el lujo de cerrarle sus puertas durante muchas décadas. En parte por razones políticas, en parte por las componendas y corruptelas propias del proceso de selección (las oposiciones a Cátedras de la época), en 1959 se le negó una Cátedra de Universidad a la que concurrió, a pesar de ser el mejor candidato con gran diferencia. Así se truncó para siempre lo que podría haber sido una brillante trayectoria académica en la Universidad. Es decir, la Universidad se niega a sí misma las mejores cabezas pensantes, en aras del comadreo y el compadreo, el arribismo, la corruptela y la desvergüenza. (Castilla del Pino sólo accedería como profesor a la Universidad de Córdoba muy tardíamente, en 1977; y no obtendría la tan merecida Cátedra hasta 1983, cuando le faltaban tan sólo cuatro años para jubilarse).
Sólo conozco un paralelo igualmente indignante de gran intelectual condenado al ostracismo por el sistema universitario español durante el siglo XX: Julián Marías, otro imponente intelectual que, por razones políticas, nunca fue profesor en la Universidad española, mientras otros personajillos mediocres, pero afectos al régimen franquista, asentaban sus eruditas posaderas en las Cátedras de Filosofía.
Quiero transcribir a continuación un breve comentario de Castilla del Pino a propósito del resultado de otra oposición a Cátedra, esta vez de otra especialidad (obstetricia y ginecología), que por nepotismo fue ganada por el peor candidato:
"El escándalo fue mayúsculo, pero (con eso se contó a conciencia en el franquismo) no duró más de siete días (pasados los cuales se aceptaban los hechos, y convenía hacerlo, porque el antes vilipendiado trepador pasaba a ser ya miembro de tribunales con el suficiente poder como para garantizarle el olvido)." (p. 384)
Y ahora añado yo: cualquier parecido entre el resultado de esta oposición (comentada por Castilla del Pino) y el resultado de la Habilitación para Cátedras de Filología Latina del año 2003 es mera coincidencia. Eadem semper.
3 comentarios:
Estoy totalmente de acuerdo en cuanto a Castilla del Pino y Julián Marías. Hace poco, releyendo algo sobre la corriente psicoanalítica de la crítica literaria, leí su "El psicoanálisis, la hermenéutica del lenguaje y el universo literario". Admirable.
Aprovecho este espacio para decirte que ojalá yo hubiera podido sufrir algo de la endogamia y la corrupción de la universidad: no pude acabar mis estudios por motivos que no vienen al caso. Ya ves, qué cosas...
Suma y sigue, por que nuestra universidad es como un arbol sobre un rio en el que sólo permanecen l@s chimpancés que saben trepar mejor. Y entre ell@s se ayudan. Esto a precio de destrozar las vocaciones de personas que, por motivación intrínseca y entusiasmo desbordante, acumulan méritos y docencia durante años.Y el tiempo pasa, y si no consiguen el "apoyo correcto", terminan orillados o metamorfoseados en chimpancés como los otros.
En primer lugar, enhorabuena al Prof. Laguna Mariscal por el blog,sin duda, un oasis de cultura humanística en este desierto de sociedad exterminadora de cualquier tipo de cultura,especialmente de una como la clásica.
En cuanto al artículo y lo comentarios, totalmente de acuerdo con todos, y lo peor es que no hay que salirse de las universidades andaluzas (las más cercanas) para comprobar que esas prácticas reprobables siguen hoy más vigentes que nunca, para desgracia de gente enormemente válida, con admirable talento y enorme capacidad de sacrificio.
Ejemplos de todas clases colores y precios hay (departamentos compuestos por familiares directos y amigos del Catedrático de turno, etc)
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